domingo, 27 de julio de 2008

Ochenta.


Madrugar. Ayudar a recoger para que no se olvide nada. Desayunar rápidamente y cargar el coche. No va a caber todo. Ellos sólo traían una maleta y ahora vuelven con cajas y cajas de vino y bolsas y bolsas de libros. Lavar y tender sábanas y toallas. Acabar de barrer los restitos de arena de la playa que se habían quedado olvidados en los rincones más inesperados. Y todo ello en un triste domingo de cielo gris y humedad desacostumbrada.

Estoy agotada. Apenas queda una semana para el próximo viernes -vacaciones, por fin vacaciones- y no sé cómo llegaré de entera hasta allí. El calor, los excesos en la mesa, un desarreglo de estómago que me ha tenido dos días como fuera de este mundo, los madrugones, el cambio de rutinas; la edad, en fin, que no perdona...

3 comentarios:

brujaroja dijo...

De edad nada, reina.
Que necesitas las vacaciones, eso es lo único que pasa. Y que afortunadamente están al caer...
Relájate y disfruta, que todavía quedan horas de domingo...

Arcángel Mirón dijo...

Pero la edad cuenta cosas vividas!!

Aunque a veces quedes como el muñequito (divino) de la foto.

Cecilia Alameda Sol dijo...

No es la edad, es el calor. Te quedas aplanada de tanto calor, que además es húmeda en tu tierra. También son los excesos del verano, que son peores que los del invierno.