lunes, 14 de julio de 2008

Setenta y dos.


El tráfico no suele ser muy denso pero aún así se producen algunas colisiones. Ha sucedido hace una media hora. Un golpe fuerte, un coche que le había dado a otro que en ese momento se cruzaba en su camino. El conductor sale por su lado gritando como un energúmeno. El del otro coche ni se mueve. Sabe que no tiene razón y evita el enfrentamiento. Mueve el vehículo cuyo morro había quedado empotrado en el lado del copiloto y lo aparta del centro de la calle para permitir que se restablezca la circulación. El energúmeno, sin dejar de gritar, saca el teléfono móvil del bolsillo de su americana, comprueba que no ha sufrido ningún daño y marca un número, corto, previsiblemente el de emergencias que le comunicará con la policía local. No se acerca para nada a su coche, por lo que desde aquí deduzco que quiere mantenerlo tal cual lo ha dejado el desplazamiento del golpe para que en el atestado figuren los parámetros adecuados. Insulta al otro conductor que parece preferir no darse por aludido. Al cabo de unos minutos, se abre la portezuela del lado dañado del coche agredido y, con grandes esfuerzos, baja de él una mujer, que en ningún momento es atendida por su compañero de viaje. Se dirige poco a poco, renqueando, a la acera y allí se deja caer, al parecer dolorida en una pierna. Se le acercan algunos transeúntes y le ofrecen ayuda, que ella rechaza tímidamente. Mira al energúmeno, que ni siquiera se desvía un milímetro de su propio yo cabreado. El conductor del coche agresor, que en ese preciso instante parece darse cuenta del alcance de su peligrosa maniobra, sale al fin del vehículo, ignorando al energúmeno que continúa con su perorata, y se acerca a la mujer, que sigue inmóvil, esperando la atención del que ni siquiera la ha mirado. Entonces él mismo llama a la ambulancia, que llega antes que la policía. Los sanitarios depositan con cuidado a la mujer en una camilla y se la llevan camino del hospital. El energúmeno sigue sin desviar la vista más que para echar una ojeada a su maravilloso coche destrozado. Yo me retiro, despreciándole, porque ya he visto bastante.

Que alguien me diga si eso no es también violencia.

5 comentarios:

Arcángel Mirón dijo...

Por supuesto que es violencia. Se cree que Violencia es solamente pegar, golpear, lastimar físicamente. La violencia tiene infinitas formas. Ser indiferente ante el dolor es ejercer violencia.

Cecilia Alameda dijo...

Es repugnante. Aunque él no tuviera culpa de la colisión, es más importante la integridad física de las personas que la de los coches. Pero hay tipos (lo digo en masculino, pero quizás también haya mujeres ya que actúan así) que aman más los vehículos (signo de poder, de economía boyante) que a los seres humanos. Porque ha ocurrido de esta forma, pero si un peatón hubiera resultado dañado, ¿qué habría hecho el energúmeno?

Anónimo dijo...

A mí me consuela pensar que esos personajes acaban pagando sus maldades: ya se verán solos como perros cuando más lo necesiten.

violetazul dijo...

Estoy con mi colega.. y quiero pensar que tendrán su merecido, en algún momento, en algún lugar.. no hay nada más peligroso que un tipo al que le han tocado el coche..

horabaixa dijo...

Hola Memoria,

Este escrito tuyo es más frecuente de lo que parece. Y pienso, aún así ella aguanta? Cuantas mujeres están con tipos así y lo ven "normal"?

Para reflexionar