jueves, 28 de agosto de 2008

Acción de gracias.


En los años en que exposo estudiaba medicina le ocurría algo que -según he sabido más tarde- no deja de ser inusual entre los que eligen esa carrera: creía tener todos y cada uno de los síntomas de las enfermedades que iban surgiendo de las páginas de sus manuales. Entonces nos divertíamos imaginando qué ocurriría cuando llegara a la ginecología, ya que, como yo siempre he dicho, el hecho de acostarse con un médico no significa que se traspasen las experiencias de forma infusa a través de las fibras de la almohada. De hecho ocurrió algo que nos congeló las risas, pero esa es otra historia.

Hace unos días, cuando leí este titular recordé que me había dejado la novela a medias. Y que me costó mucho volver a encontrar placer en la lectura. Probablemente existan muchas razones para abandonar una novela que se ha empezado con ganas. Y yo a ésta se las tenía porque Ford me cautivó desde que, hace varios años, leí El periodista deportivo. Después fue El Día de la Independencia y este Acción de Gracias estaba anunciado como el final de la trilogía Bascombe. Aquí me encontré, sin embargo, con un montón de reflexiones que no quería leer, porque me aturdían y me obligaban a replantearme algunos asuntos. Y es que según en qué situaciones, estoy convencida, habría que acercarse a las librerías con receta médica, en la que se recomendaran sólo lecturas sin fondo y apenas sin forma, de auténtica evasión, repletas de palabras sencillas que no signifiquen nada. Porque algunas personas, en algunos momentos de nuestras vidas, estamos tan susceptibles, tan vulnerables, nos sentimos tan torpes a la hora de vocalizar nuestras contradictorias emociones que podemos -como le ocurría a exposo- hacer nuestros un sinfín de síntomas que en condiciones de normalidad deberían resultarnos extraños.

3 comentarios:

Cecilia Alameda Sol dijo...

Produce desconsuelo hallar escrito en las páginas de un libro ciertos síntomas que padecemos (con el corazón o el alma)y enfrentarnos a ellos o ver a dónde pueden conducirnos. También es ingrato enfrentarte a situaciones difíciles que no te afectan cuando tus propias defensas están mermadas y tu sensibilidad centrada en ti misma.
Pero también puede ocurrir lo contrario: que halles en esas páginas una alternativa en la que no habías reparado, que te inocule fuerzas para salir de tu agujero o para ver con menos dramatismo lo que padeces. En cualquiera de los casos, tú misma debes decidir si debes seguir con la lectura de ese libro o aparcarlo hasta momento más propicio.

servidora dijo...

Igual meto la pata. Pero es que leí hace poco "La borra del café" de Benedetti. Y creo que te lo recomiendo :-)

violetazul dijo...

Sí, es cierto, tanto los libros como las canciones, algunas deberían ser bajo prescripción médica!
Besos