sábado, 2 de agosto de 2008

Ochenta y seis.

Ilustración de Juan Carlos Rivas.

Así estaba yo.

Cuando una situación, por más que temida, se te derrumba encima cuando menos lo esperas, es como si una patada te echara del mundo, de ese mundo que poco a poco has creído irte forjando casi a tu imagen y semejanza. Y no sabes si reaccionar bien o mal, porque en realidad no sabes siquiera si has de reaccionar. Vuelves a verlo todo en blanco y negro, malo y peor, probable pero imposible... se acabaron las medias tintas. Va a por ti y te pilla con las defensas bajadas. Aunque quieres convencerte de que no te va a afectar, sabes que sí, y mucho. Pero no puedes reconocerlo. No al menos en ese momento, cuando quien está frente a ti cree que eres fuerte, que puedes con eso, que tienes derecho no sólo a saberlo, sino, yendo más allá, a comprenderlo y asumirlo como lo mejor que podía haberte pasado.

Pero luego me han regalado una canción.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Eres fuerte, puedes con eso y con más, es lo mejor que podría pasarte, por increíble que te parezca.
Y además nadie nunca va a hacerte daño. Sólo nos hieren aquellos a quienes les damos el poder de hacerlo.
El mundo es todo para ti, memoria. Enterito. Anda que no es ancho y lleno de posibilidades...
Y a pisar con tacones para poder oír tus pasos...
Todos los besos, ya lo sabes...

Cecilia Alameda Sol dijo...

Te van poniendo pruebas (el destino, la gente, las circunstancias) y parece que una tras otra las vas superando. Una más, compañera. Esta es una más. Seguramente no la última. Pero también la pasarás.