miércoles, 13 de agosto de 2008

Noventa y cuatro.

Pizza de hummus y verduras frescas.

En vacaciones, a menos que dispongas de una Visa Oro de la que no hayas agotado el crédito con anterioridad, también se cocina. Con un poco más de tiempo, en una cocina más grande y para unas pocas más personas. Eso consigue que se haga la tarea -aunque con los mismo o parecidos ingredientes- con un ánimo diferente.

Esta semana hemos comido pizza. Tenía que ser sin queso porque mi hermana lo detesta. Y con verduras frescas, porque estamos en verano y están las huertas a rebosar de buenísimos productos. Así que, con esas premisas, nos pusimos a la tarea. Como tampoco vamos a dedicar todo nuestro tiempo a la manufactura de los productos (de calidad) que ya encontramos medio elaborados en cualquier supermercado, compramos la base para la pizza, de marca Buittoni, refrigerada y lista para rellenar y meter en el horno precalentado a temperatura fuerte. Por encima, hummus de garbanzos (también en conserva, porque es difícil encontrar el tahini en tiendas no especializadas) rodajas finas de tomates maduros y de cebolletas en crudo y unas rodajitas de calabacín un poco fritas por temor a que se quedaran demasiado al dente con los pocos minutos de horno. Espolvoreado todo con tomillo, quince minutos y a la mesa. La disfrutamos cada uno a su manera; yo como comedora compulsiva de cualquier clase de pizza, mi cuñado como persona dispuesta a probar cualquier plato de confianza que le pongan por delante y mi hermana como la novedad de poder disfrutar, al fin, de una de su gusto.

Ni que decir tiene que aquí la preparamos con lo que teníamos en la despensa. Como posiblemente repitamos, la hemos imaginado con champiñones, berenjenas, unas anchoas y unos ahumados.

4 comentarios:

Cecilia Alameda Sol dijo...

Muy apetecible, como todo lo que nos guisas. Espero que las vacaciones te estén sentando tan bien como tú te mereces.

Francisco Ortiz dijo...

A mano y directa a la boca. Acabo de comer, pero apetece.

servidora dijo...

Igual es una horterada de las mías, pero cocinando te imagino feliz y, no sé por qué, me da la impresión de que con la comida tienes el mismo cuidado que con las palabras y que logras colocar la porción exacta en el sito exacto con la especia adecuada en su justa medida...

Y me parece tan bonito... :-)

Arcángel Mirón dijo...

No imagino cómo una persona puede detestar el queso. Es una de mis perdiciones. Otra es el hinojo (ése no engorda).