lunes, 23 de junio de 2008

Sesenta y cuatro.

Tallarines con salsa carbonara.

Estoy tan irritada que no soy capaz ni de dedicar un poco de mi energía -que a estas horas ni es mucha ni es demasiado positiva- a enfadarme conmigo misma. Por eso me meteré en la cocina con los auriculares del iPod bien incrustados en los oídos, aprovechando los últimos días de estas canciones que tengo grabadas y que pronto desaparecerán del mismo modo que lo ha hecho todo lo que venía archivando en el disco duro, y me dedicaré a preparar algo que necesite de toda mi atención, de mis otros cuatro sentidos.

El comentario de horabaixa me ha decidido -entre otras varias opciones- a preparar una carbonara que no sé si nos comeremos, pero que ahora mismo me apetece como un vaso de agua fresca en el desierto. Aunque antes he de bajar a comprar el principal ingrediente, que hace ya mucho tiempo he tenido que hacer desaparecer de mi dieta. Un día es un día y tampoco es seguro que en pocas cantidades contribuya a aumentar el colesterol de mi (ahora mismo mala) sangre.

Así la preparo, por si quieres ir tomando nota: se cortan a taquitos muy pequeños varias tiras de panceta o bacon ahumados. Se pican, preferiblemente a mano, un par de dientes de ajo. Se derriten un par de cucharadas de mantequilla en una sartén y se sofríen, poniendo primero los ajos. A mí me gusta la panceta muy doradita, así que lo hago a fuego fuerte. Va soltando una grasilla que conviene conservar para que engorde el sabor de la nata líquida que se añade a continuación, batida con una yema de huevo. Se va removiendo sin pausa, hasta que forme esa especie de grumos típica de la carbonara. Una pizca de sal y un poquitín de pimienta y la salsa ya está preparada. Cuando se apaga el fuego, se mezcla con una cantidad considerable de parmesano recién rallado. Con espaguetis, con tallarines, con ñoquis, cubriendo una masa casera de pizza. Mmmmmmmm... carbonara, cuánto tiempo...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Arggghhhhhhhhhhhh
No me ha dejado colgar el comentario...
Que te decía que te pase lo que te pase, ahora salgo a cenar con el resto de las brujas y te incluiré en mis conjuros. Y si eso no da resultado, no lo dudes, los spaguetti carbonara (lo más consolador que conozco) lo dará...
Muchísimos besos. Muchísimos

Cecilia Alameda dijo...

Y las palabras, también son balsámicas las palabras. Volcando tu enfado en la pantalla, definiéndolo con palabras, seguro que te alivias.
Qué buenos tus tallarines.

servidora dijo...

¡¡Guapa!!
A comerse esos spaghetti.. ¡pero ya! y a mascarlos a dos carrillos :-D

:-*