sábado, 21 de junio de 2008

Sesenta y dos.

Madre e hija. Egon Schiele.

Ha acabado el curso y con él una de las semanas más ásperas y tensas en la convivencia que recuerdo. Prácticamente la he pasado intentando justificar mis noes a diversos planes (absurdos y locos) que me presentaba meri con un escueto 'yo también he tenido doce años'. Lo peor no ha sido la repetición de la excusa, que al fin ha resultado poco creíble y en absoluto justificadora, sino que realmente me acuerdo de la sensación de frustración continua de todos mis planes (absurdos y locos) cuando yo tenía doce años.

Ella misma ha acabado dándose cuenta de que es demasiado pequeña para unas cosas y no lo suficientemente grande para otras, por lo que ha terminado desechando la mayoría de las peticiones (absurdas y locas) y centrándose en la que en realidad le interesaba más que las otras. Como muy bien tiene aprendido, no se puede decir a todo que no porque en el momento más inesperado surge la aquiescencia, la idea brillante, la conformidad con un plan razonable... que en algunos casos no demasiado claros puede ser incluso confundida con debilidad. Aunque esta vez he decidido arriesgarme. Porque no se trata al fin de querer que nuestros hijos tengan aquello de lo que nosotros carecimos, ni siquiera de que es otra época que hay que afrontar con una mentalidad diferente. Ha sido, simple y llanamente, la consecuencia de un razonamiento pausado y sereno en las dos direcciones, de dejar de lado el machaque continuo y cansino del 'quiero...' y empezar por el '¿puedo...?' y de pedir algo que entraba en nuestras posibilidades reales, La suya para conseguirlo y la mía para permitirlo.

Así, este fin de semana, después de numerosos preparativos y para que las dos podamos descansar de nuestra presencia no demasiado grata después de estos días tan tensos y ásperos, meri va a disfrutar de su primera fiesta "de pijamas". Y yo del primer sábado libre del mes, que también estaba necesitando.

4 comentarios:

Cecilia Alameda dijo...

Es un constante tira y afloja en el que a veces nos dan ganas de aflojar y que nos dejen en paz. Pero no podemos hacerlo porque son muy pequeños y están confundido. Tenemos que aguantar, seguir tensando la cuerda, hasta que ellos se cansen, y se rindan. Es más duro decir que no, que darles el sí a todo. Pero algún día se darán cuenta de que no tenían la razón.

violetazul dijo...

Sabado de tranquilidad y soledad pues???
Copa de vino en mano, buena música, buen libro.. y preparada para el disfrute total!!!
Pásalo muy bien!

Isabel dijo...

A pesar de todos los contratiempos sabemos encontrar una rendija por donde colarnos y olvidarnos un poco del mundanal ruido.Creo que te lo mereces,¿a que si?
Aunque sabemos que hay cosas de las que, en verdad, nunca podremos desconectarnos.Estoy recordando ahora una frase que leí un día y que no recuerdo bien si es de Garcia Marquez; decía algo así: "cuando un hijo nos agarra del dedo por primera vez no imaginamos que nos tiene atrapados ya para siempre."
Que disfrutes todo lo que puedas,amiga.Un besazo.

horabaixa dijo...

Hola Memoria,

Yo te diria que lo disfrutes, al menos que lo intentes. Para que con los años, todo quede como un grato recuerdo.

Feliz sabado !!!!