miércoles, 21 de mayo de 2008

Treinta y cinco.


No puedo permitirme el lujo de ser blanda. Tampoco el de resultar demasiado dura y estricta. Así que me encuentro en una disyuntiva que me distorsiona un poco la perspectiva no sólo de la educación, sino también de la propia convivencia.

Me pone como excusa la adolescencia, esa enfermedad por la que con distintos grados todos hemos pasado, para justificar sus salidas de tono, su soberbia, su rebeldía, su indolencia, su egoísmo, su incomprensión, su secretismo, su derroche, su desapego, su rechazo, su silencio... y a mí me pilla sola y cansada, por lo que en algunas ocasiones lo único que me apetece es no discutir y claudicar. Aún así me arriesgo e intento dialogar. Soy cansina, lo acepto, pero es porque las dos nos estamos jugando mucho y por el momento soy yo la única que es consciente de ello. Sólo intento hacérselo comprender.

Hoy estoy muy dolida. Ha pasado toda la tarde toreándome y yo comiéndome la rabia para no montar una bronca de la que las dos acabaríamos arrepintiéndonos. Al final, antes de cenar, sin levantar la voz, casi en susurros, la he castigado. Todavía no sé a qué ni por cuánto tiempo, pero creo que lo único que he conseguido ha sido que las dos nos sintamos mal.

4 comentarios:

Cecilia Alameda dijo...

En eso, cualquier madre te entendería y te apoyaría. Es difícil mantener el equilibrio, ceder y tirar a la vez, pero hay que hacerlo. Porque si aflojas demasiado algún día, cuando ella sea mayor, te dirá que te equivocaste.
Es de libro que los chicos toreen a las madres, jueguen a sacarlas de quicio. Quizás están probando sus fuerzas, quizás a sí mismos se están demostrando cuánto es su poder.
Pero las aguas volverán a su cauce. Ella es importante para ti y tú para ella. Se nota.

servidora dijo...

"No puedo permitirme el lujo de ser blanda. Tampoco el de resultar demasiado dura y estricta."

Sé tú.

No le gustará, pero te tendrá que reconocer la honradez. Si intentas actuar como no eres por temor a "perder", lo notará. Por lo que cuentas de ella, es sensible y es inteligente :-)

Y sí, santa paciencia. Acuérdate de ti a sus años y enfádate pero... acuérdate. Yo lo hago y se me pasa el enfado enseguida... :-) (un día de estos me acordaré de mí a sus años antes de enfadarme y ya verás, ya :-) ... le tendré que pedir perdón... )

Y estoy medio de coña, pero piensa que ella también estará rara y en una situación difícil. Es una edad en la que se tiende a ser egoísta (por defensa propia) y que os hayáis separado le habrá afectado y reforzado ese egoísmo temporal. Ell atambién teme pasarse o quedarse corta, estoy segura.

No te obsesiones con sus salidas de tono o sus silencios o sus faltadas o sus titubeos... tiene que explorar, tiene que encontrarse y tiene que equivocarse y tiene que acertar y tiene que reivindicar su espacio...

..y os queréis un montón, que es lo que importa.

Y si "se vale", yo también me apunto al carro y quiero quereros y que me queráis :-)

Un beso para cada una :-)

violetazul dijo...

No te agobies, es la única manera, no hay otra.. es un tira y afloja, hasta que pasen estos años, y sí, aunque hoy te sientas un poco mal, son momentos, que pasan, porque lo importante es el amor entre las dos, que ese está, estuvo y estará.
Animo guapa!

Arcángel Mirón dijo...

Parece escrito por mi mamá.

(Refieriéndose a su relación con mi hermana; yo nunca fui una adolescente típica, y no sé si eso es bueno o malo).